nota : La Nacion
A boca de jarro... Ricardo Plant
"Los restaurantes son espacios emocionales"
Le gusta reflexionar en voz alta y recordar que buena parte de las cosas que emprendió en la vida fue para desarrollar el hemisferio derecho del cerebro, el de la creación y la poesía. Incluso, que hubo intentos que dejó por la mitad porque en determinado momento perdió la magia al tropezar con el espacio correspondiente al hemisferio izquierdo, el racional, el técnico. "Entonces no me quedaba otro remedio que dejar todo y buscar otra posibilidad, por eso no concluí mis estudios de arquitectura en la Universidad de Buenos Aires y los de astrología con Eugenio Carutti. De todos modos, Carutti, sin nombrarme, me puso en uno de sus libros como ejemplo de una de las habilidades de los nacidos bajo la influencia de Virgo: acomodar elementos en espacios muy reducidos y difíciles", recuerda el diseñador Ricardo Plant, uno de los mayores ambientadores de restaurantes del país. No le gusta usar el término decorador, que considera frío y muy mecánico. Su proyecto de la mítica librería Clásica y Moderna mereció cuatro premios: fue declarado de interés cultural por el gobierno porteño y distinguido como "bar y librería notable" por la Comisión de Patrimonio de Buenos Aires. En 2004 obtuvo el Premio Konex y en 2006 fue distinguido por la Comisión de Comercio Español en la Argentina.
-¿Usted es de Virgo?
-Virgo es mi ascendente, en realidad soy de Tauro. Para los lectores que saben de astrología les cuento que soy de Tauro, pero con ascendente en Virgo y luna en Géminis. Además, tengo una configuración Sol-Urano y varios elementos en casa VIII, la que corresponde a Escorpio, que es la del inconsciente, la herencia y la que maneja el dinero de los otros. Esto es evidente, hago mi trabajo con el dinero que me adelantan mis clientes.
-¿Puede dar un ejemplo de la influencia de Virgo en su trabajo?
-Sí. Tancat, el restaurante que tuvo dos nacimientos, el primero en 1978 y el segundo en 1998. Era un zaguán de 25 metros de largo por dos de ancho, en Paraguay, a metros de Florida, con una larga barra de 20 metros y dos mesas, que estaban reservadas de por vida. Llamábamos la atención, e incluso nos adelantamos a los tiempos: servíamos tapas y vino por copa. Además, los profesores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo lo ponían como ejemplo de buen aprovechamiento del espacio. Al cabo de veinte años, en la parte de atrás se desocupó un local y el dueño lo compró con idea de cumplir con una vieja aspiración de los habitués del zaguán: agregar mesas y sillas y poder sentarse a conversar. Ahora es una tasca con excelente comida española y la gente que no lo conoció cree que siempre fue así, ¿y sabe por qué? Porque nunca se trató de disimular la parte nueva y se buscaba que no desentonara con la original. Hubo un nuevo proyecto, desmontamos todo el local, mandamos lo que contenía a un depósito y volvimos a diseñar como si nunca hubiéramos estado allí. Por supuesto, el nuevo proyecto incluía la barra emblemática y los otros elementos, pero ubicados a partir de otra mirada.
-Sí. Tancat, el restaurante que tuvo dos nacimientos, el primero en 1978 y el segundo en 1998. Era un zaguán de 25 metros de largo por dos de ancho, en Paraguay, a metros de Florida, con una larga barra de 20 metros y dos mesas, que estaban reservadas de por vida. Llamábamos la atención, e incluso nos adelantamos a los tiempos: servíamos tapas y vino por copa. Además, los profesores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo lo ponían como ejemplo de buen aprovechamiento del espacio. Al cabo de veinte años, en la parte de atrás se desocupó un local y el dueño lo compró con idea de cumplir con una vieja aspiración de los habitués del zaguán: agregar mesas y sillas y poder sentarse a conversar. Ahora es una tasca con excelente comida española y la gente que no lo conoció cree que siempre fue así, ¿y sabe por qué? Porque nunca se trató de disimular la parte nueva y se buscaba que no desentonara con la original. Hubo un nuevo proyecto, desmontamos todo el local, mandamos lo que contenía a un depósito y volvimos a diseñar como si nunca hubiéramos estado allí. Por supuesto, el nuevo proyecto incluía la barra emblemática y los otros elementos, pero ubicados a partir de otra mirada.
-¿Qué es lo primero que hace cuando lo visita un nuevo cliente?
-Aunque no lo crea, preguntarle la fecha y la hora de su nacimiento. Eso me permite determinar cuál era la posición de los astros en el momento de su llegada al mundo, para comprenderlo mejor, ver con más claridad sus deseos y poder ayudarlo a realizar su sueño. Curiosamente, cuando me puse a estudiar astrología no fueron mis clientes los primeros que conocí mejor, sino mis hijos. Eso mejoró nuestro diálogo, fue muy importante. Supongamos que el cliente quiere abrir un restaurante. Antes de preguntarle sobre las características que podría tener el local, le explico mi teoría sobre cómo debe ser un buen restaurante, que es la base sobre la que creo el proyecto.
-¿Cuál es la teoría?
-Mi tesis es que los restaurantes son espacios emocionales, en ciertas ocasiones parece que fueran seres vivos. Es decir, el recién llegado al sentarse a la mesa entra a formar parte de un sistema de vibraciones que se nutre de afectos, de la calidad de la energía. Un mundo donde si un proveedor está enojado con el dueño del restaurante la mala onda la siente el comensal en el plato; donde el que cocina transmite su humor en la comida, y el mozo, en la actitud con la que ofrece el menú o asesora al cliente sobre la composición de las preparaciones. Parece algo descolgado, pero es así. El responsable del restaurante deberá cuidar el sistema, para eso tendrá que cultivar y pedir a sus colaboradores una actitud de entrega, compromiso y buen trato. Si eso falla, la experiencia me dice que el local está condenado al fracaso.
-¿Algún otro consejo?
-Recordar que no todo actor es intérprete. Hay actores que hacen siempre el mismo papel, que se interpretan a sí mismos. El verdadero intérprete es el que se mete en el papel, el que trata de rescatar el duende del personaje, el que lo asume. Creo que para lograr una ambientación el diseñador debe ser intérprete, mimetizarse sin miedos, rescatar el duende del lugar. Si estoy haciendo un proyecto en Ushuaia y otro en Jujuy, los dos extremos del país, debo ser un colla en Jujuy y un yámana en Ushuaia.
Luis Aubele
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